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El Pipulo Juárez pinta cada noche el Cosquín festivalero

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El conductor del Festival Nacional de Folclore abre las puertas de su paisaje personal, la oportunidad de conocer al hombre de la arenga interminable. 


Todo está listo, Pipulo Juárez cruza el escenario hasta encontrar su lugar, es tiempo de la arenga, estés donde estés, los corazones laten fuerte, el cielo se ilumina, los duendes coscoínos salen a hacer de las suyas y el milagro es posible…



Pipulo Juárez, Aquí Cosquín!


Nueve son las lunas coscoínas que acompañan la última semana del mes de enero, el gran conductor se encarga, en cada jornada, de transportarnos a un paisaje que pinta cada encuentro festivalero.

El festival mayor ya tiene 63 ediciones, y a lo largo de todos esos años muchos ocuparon ese lugar de privilegio en el escenario Atahualpa Yupanqui.

Claudio Juárez es parte de ese maravilloso grupo humano que, a su manera, han dado rienda suelta a la pasión y a las musas.

Son pasadas las 11:30 hs, la madrugada para nuestro invitado, quien, entre risas y humildemente, se suma a la mesa de la radio.

“Mi sobrenombre tiene varias acepciones, pitulo, pirulo, pupilo, pipolo, me dicen de varias maneras”, explica Claudio Juárez, el maestro de ceremonia del Festival Nacional del Folclore en Cosquín.



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Hay algo nuevo por contar…



Cada pueblo tiene sus rincones, relatos, paisajes, personajes y siempre hay alguien que tiene la grata responsabilidad de dar a conocer ese legado.

“Todo el tiempo hay algo para contar, hay que estar atento y no dejar pasar el momento”, señala Claudio en referencia a la consulta realizada.

Inmediatamente comenta, en torno a la apertura de la segunda luna, «había escrito una cuestión que tenía que ver con la luna, con el perfume, con el aroma, con las tonadas del país, y lo cambie luego de la lluvia, cambie la arenga haciendo protagonista a la lluvia».

La inspiración para la historia que describirá cada noche, no solo está asociada al mirar y escuchar, es importante el ejercicio diario de la palabra.

Sobre ello, recuerda, “una de las pocas noches que fui a presenciar el pre Cosquín, escucho que presentan una canción inédita que hablaba sobre las ansias del barro, automáticamente eso me disparo una idea, cuál es el ansia del barro y a lo mejor ser tinaja y ser tinaja para almacenar vino y ese vino para un momento especial como el nacimiento de un niño”.

Es fundamental trabajar con las palabras, su receta diaria es utilizar cinco para luego obligarse a sí mismo sacar otras cinco más y así sucesivamente, hasta que todo se transforme en el relato.

Es un apasionado por lo que hace, es notorio que luego de tanto camino transitado siga maravillado, aunque no deja que la emoción lo trasporte.



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Las luces del escenario se apagan, la vida continua…



El Maestro de ceremonia del mayor festival del cancionero nacional procura rodearse de sus afectos, familia y amigos, y “la lectura de libros que están por sectores de su casa que no tendrían por qué estar ahí” reflexiona entre risas.

Desde hace 35 años difunde el folclore argentino en su programa de radio, además de cuidar sus plantas y sus perros, que también son parte de la familia y en oportunidades sale a oxigenarse en su moto. 

En Cosquín todos se conocen, por tal motivo es complicado separar la actividad profesional que realiza con su vida cotidiana, aunque su compromiso social es valioso.

No duda en apuntar lo siguiente, “me rio porque en estos días de festival, con las mismas ojotas, short, remera y bolsa de las compras, todos los días voy a dos negocios que hay en la esquina de mi casa, y por ahí la gente que está comprando que no es de acá, me mira como diciendo este es el mismo que vimos anoche en la plaza, estas cosas por ahí me divierten y me doy vuelta y le digo, si señora soy yo”, (entre risas).





“Soy un tipo común que hoy tengo la posibilidad laboral de estar expuesto ante un público masivo y disfruto de esa posibilidad” añade Claudio.

De estos encuentros nacen las historias, la gente necesita y quiere contar sus anécdotas de lo que paso aquella semana del folclore.

“Mi papá siempre me traía a Cosquín y yo me dormí en la silla, anoche uno me dijo, cada vez que te escucho hacer el grito, me emociono mucho porque me acuerdo de mis abuelos que me traían a la plaza” son algunos de los comentarios que suele escuchar.

“Yo siempre digo que uno tiene el tiempo necesario y material para aprender todo, por eso, uno tiene que escuchar y ver y aprender de las experiencias de los otros”, comenta.



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A quien te hubiera gustado presentar en la Plaza?



De inmediato Claudio, Pipulo, Juárez dio lugar en su escenario imaginario, a Los Chalchaleros.

El conductor coscoíno afirmó sin dudar “me quede con ganas de presentar a Los Chalchaleros, por lo emblemático de la agrupación, por lo que ellos plantearon”

Aunque también le hubiera gustado presentar a Alfredo Zitarrosa, Hugo Díaz, Atahualpa Yupanqui, pero en su alocución la preferencia cae sobre la agrupación salteña.

La anécdota no tardó en llegar “me mandé una, en el año 2004, acá en la plaza Próspero Molina, cuando Los Chalchaleros se habían bajado del escenario, vino Juan Carlos Saravia, a la plaza, de visita, y subió al escenario a cantar, entonces yo le pedí, en un acto de caradurez terrible, le pedí que cantara el pedacito de tema que él quisiera”

El relato continúa, “Don Saravia me miro y me dice, cantar sin guitarra es como abrazar y no besar, y le digo el coro más bonito está frente a Usted, y respiro y empezó a cantar el tema, Llloraré, que es una zamba, y yo hago un paso para atrás y le hago seña al público con mi mano que se ponga de pie, y se puso toda la plaza de pie mientras él cantaba, y lloraba toda la plaza…”

De esta manera se sacó las ganas de presentar a Los Chalchaleros, pero no en su escenario imaginario, sería en la gran Plaza Federal.



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Una historia, la de su padre…



En medio de la charla, se suma a la mesa radial el mensaje de un amigo de la casa, Leo Cavillon, que lo invita a recordar a su padre.

Claudio respira, se toma unos breves segundos, para luego dar rienda a un relato que sumaría mayor valor a la entrevista.

«Mi papá, un coscoíno, acá en la plaza Próspero Molina, solía haber juegos infantiles, y preadolescente se cayó de un tobogán y se quebró la cadera y la tecnología médica de la década del 30, hizo que lo tuviera enyesado cinco años arriba de una mesa de mármol con una cadera que quedo estropeada, de hecho le quedo una pierna más corta que la otra», cuenta el conductor coscoíno.

Para su recuperación era necesario nadar en unos piletones de agua y es allí donde aprenció a nadar.

Ya en el pueblo, tras cinco años en la capital cordobesa, salva a una persona de ahogarse en el balneario la Toma.

A partir de este hecho “se dio cuenta de que Cosquín no tenía un cuerpo de salvataje, o bañeros, como se decía antes, y fue con la inquietud a la municipalidad, y por supuesto que le dijeron que no hay plata ni gente para realizar una cosa así”, señala.

Hacia el mes de enero de 1945, crea el primer cuerpo de guardavidas de Cosquín, integrado por tres personas, de los cuales uno de ellos era su papá.

Durante 25 años dirigió y formó al cuerpo de bañeros, al tiempo que por 45 años enseño a nadar en el balneario la Toma.

Los números se ponen en la mesa, son parte del reconocimiento a su padre, la forma de mantener vivo su espíritu, “yo tengo registrados 647 salvatajes, y 3 generaciones de coscoínos y visitantes que él les enseño a nadar”. 



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Con el poncho al hombro



Las luces hacen sus destellos en el escenario, es el aviso para los espectadores que están deambulando en la Próspero Molina de que el show está por dar comienzo.

De pronto, desde bambalinas, aunque como si fuera la cocina de su casa, Claudio aparece en escena, camina despacio en busca de “su lugar”, es un pequeño espacio lateral, del gran escenario que ya tiene 60 años.

Un nuevo paisaje está por ser descubierto, un aroma, un color, un juego de palabras formarán parte de la mística.



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Lleva en su hombro izquierdo un poncho, el cual también tiene un significado, “llevar el poncho al hombro es sinónimo de 3 cosas para mí, primero, un regalo querido de mi mamá, segundo, la prenda que confeccionó e ideo mi madrina de bautismo y tercero mi forma de expresar mi ser coscoíno”.



Aquí Cosquín!, la arenga aflora para que los visitantes comiencen a guardar momentos que pronto serán las musas inspiradoras del gran maestro de ceremonia que tiene la Capital Nacional del Folclore, de un terrenal Pipulo Juárez

A continuación el diálogo que mantuvimos con Claudio, Pipulo, Juárez, maestro de ceremonia del Festival Nacional de Folclore de Cosquín, en el programa Detrás de los Hechos que se emite por radio Inédita de lunes a viernes de 9 a 12 hs.





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